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Estrenando

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Resulta que desde finales del año pasado vengo esperando que se materialice una promoción para un nuevo puesto en la empresa donde trabajo, pasaron los meses y nada, y aunque me la pasaba rascándome la panza ésta no disminuyó su volumen, jo-jo, prueba de ello (de rascarme la panza no de su volumen) es que retomé el ser constante con mi cuchitril de blog.

Y después de quejarme y quejarme por no tener trabajo qué hacer, por fin llegó mi promoción y para mi suerte, no sólo fue cambio de puesto sino que fue cambio de área y por tanto de jefe… soy TAN feliz.

Pero esa felicidad está hecha un licuado intestinal, porque me siento feliz, nerviosa, intrigada, emocionada, satisfecha con el tiempo, y demás y demás y etecé, etecé, y bla, bla, bla.

Es un puesto para apoyo en un proyecto y aunque llegué ahí por mis conocimientos previos, esto será totalmente nuevo para mí además de ser un verdadero reto, porque requieren de mucha capacidad de todos los ahí implicados. Es algo en lo que debo aprender rápido, sacar energía de donde se pueda, velocidad y mucha calidad para la planeación y los procesos… sí, debo admitir que estoy nerviosa pero también se que tengo la capacidad suficiente, no tengo miedo de fracasar en este proyecto y se que lo mejor de todo será todo lo que voy a aprender.

Y antes de portarme como gente seria y para empezar a relajarme antes de que me gane el estrés por la presión, las carreras y demás, nos enviaron regalos por parte del médico que tenemos en la empresa, portarretratos, calendarios (a mitad de año que no mamen), toallas pal sudor con LA calor, bellos y modernos cilindros para hidratarte en todo momento, y demás accesorios motivadores –pero inútiles-, todos bellos ellos, pero no, yo no quise nada de eso, yo escogí una bella, pachoncita, y amarilla pelota anti estrés con un reluciente color amarillo y una carita feliz:





Yo se que cada que la necesite, ella me hará igual de feliz y fresca, como bañarme con lechugas.
Y ya me voy porque estoy en la Universidad y se supone que estamos a punto de presentar exámen final de Sociedades Mercantiles ¡qué padre!
Hasta pronto amiguitos!!!

Fresca como lechuga

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Chingados pero si me encanta esta sensación, que aunque me encanta mi vida, este filin’ no es tan común.

Justo a mi espalda donde se ubica mi cubículo de trabajo hay una ventana enooorme –bueno, no tanto- y me llega el aire fresco, que en medio de este calor precoz, es tan pero tan reconfortante, quizá eso, es parte de lo que me hace sentir como nuevecita, vamos pues, como acabadita de bañar, pero con el extra de que la sensación es también interna.

Hoy para mí es de esos días donde el cielo parece ser más azúl (azul con acento porque es más azulote) y hasta los pajaritos parecen volar más felices que de costumbre.

¿Motivo, razón o circunstancia? Ninguna al parecer, pero quisiera que durara mucho tiempo, porque se siente re bonito, es como cuando tienes la certeza de que a partir de este momento todo en tu vida saldrá de maravilla, el sol siempre brillará y siempre sentirás esa nutritiva vitalidad.

Será porque estoy enamorada como púbera de secundaria, o por mi nuevo puesto en el trabajo, la remodelación a mi casa (bueno nomás la sala) que me hace llegar a casa con una nueva sensación, el ponerme de nuevo a trabajar el cerebro porque ya está arrancando el proyecto al que fui convocada y dejé de huevonear (si no estuviera tragando moscas no habría podido actualizar mi verde morada), el riquísimo colchón que me compré, o el color verde chíngame las pupilas con el que –yo solita- pinté mi cuarto y siempre había querido así… no lo sé, quizá es una revoltura de algunas o todas, de esas cosas que tangibles e intangibles me hacen sentir en una nueva etapa, pero de que se siente bien, se siente bien.

Hacía tiempo en que tenía la firme idea de que si renovaba dos que tres cositas a mi alrededor, y no precisamente las materiales… bueno sí también un poquito, podría llegar al punto de partida en el que mi vida por fin tomaría el sentido y la dirección que desde siempre quería, pero de alguna forma, todo a lo largo del tiempo se fue acomodando, y me gusta la forma que está agarrando, porque puedo ver que el moldecito, poco a poco y a lo mejor sin querer lo fui diseñando yo.

Y como ya estoy empezando a pensar en qué escribir en lugar de que fluya cual agüita de riachuelo, y no quiero estropear este momento cuasi perfecto de mi día, me voy, además, alguien cerró la ventana y quiero abrirla para seguir sintiendo el airecito en mi… mmmm… espalda.


Vóyme.