Después de rato por fin llegué y vi reluciente mi asiento en primera fila, el único que desde lejos se veía vacío porque nadie me quiso acompañar y aunque me diera miedo estar allá sola no me iba a perder verlo.
No sé si tardó horas o minutos en salir al escenario, todo me pareció tan rápido y la espera bien valía la pena... De pronto se apagan las luces en todo el lugar y sólo se encienden unas cuantas luces blancas y azules en el escenario... del fondo sale una sombra caminando hacia el frente del escenario, sosteniendo su guitarra del lado "chueco" y el mudo de gente comienza a gritar de alegría, yo simplemente abro un poco la boca como niña asombrada, mis ojos se iluminan y en lugar de gritar lo contemplo, lo contemplo como algo que sabes que quizá no volverás a ver y quieres disfrutar cada instante... una enorme luz lo ilumina por completo y ante mis ojos estaba quien todos gritaban desde hacía mucho rato ¡¡Paul!! ¡¡Paul!!
Y McCartney comienza a cantar, no estoy maravillada, estoy... estoy... ¡¡estoy extasiada!! He ido a pocos conciertos pero sin duda este es y será el mejor al que haya podido ir en mi vida, lo escuchaba cantar, lo veía alzar las manos y no me daba cuenta si me maravillaba por escucharlo cantar y escucharme cantar con él (y con miles de personas más) al unísono, o si me maravillaba por el simple hecho de estar en ese momento frente -y abajito- de él.
Cuando terminó el concierto, todavía él no bajaba del escenario cuando me apresuré a ir hacia donde me imaginaba que estaba su camerino, mi pase me permitió pasar sin tanto problema y cuando se terminó de secar el sudor de la cara con una toalla fui directo a él y lo saludé, le di la mano y con mi escueto inglés le dije que lo admiraba y que había sido un concierto maravilloso, pensé que sería lo único que le podría decir antes de que me sacaran por que había más gente con ese "pase mágico" pero para mi sorpresa se detuvo el tiempo y me hizo señas para que me sentara en una silla que estaba junto a la de él, estaba tan cerca de Paul que me pude dar cuenta de lo viejo y acabado que está, pero esa cercanía a la vez me hizo admirarlo más y ver el hombre (humano) que es y eso me maravillaba más, porque el talento ahora no era de un dios sino de un tipo común y corriente que junto con otros tres simios había cambiado por completo la historia de la música... él me comenzó a decir no-sé-qué-chingados porque a pesar de su acento inglés, de todo lo que me decía no le comprendía más que la mitad, medio me entendía y medio le entendía y a pesar de eso puedo decir que esos minutos hicimos migas... ok, ok, no hicimos migas pero creo que mi poco conocimiento de inglés para decirle que es el rey del mundo evitó que él una vez más quisiera huir de alguien que le dijera que es el rey del mundo y se despidiera diciendo "gracias, te lo debo a ti", o quizá sólo me dejó platicar un poco de más rato con él porque yo era la más chica en el lugar y eso le llamó la atención, no era la señora sesentona ni el señor cuarentón que estaban afuera esperando.
Me dijo algo sobre las mujeres de México, algo sobre la música y algo sobre su vida, son vagos recuerdos que lo poco que entendí no lo recuerdo tanto... de pronto como gesto fraternal me abraza de lago y me da un beso en la frente, me sentí la mocosa más afortunada del mundo y más afortunada aún cuando de pronto me da un "besito" en la boca, como esos que le dan los papás a sus hijos (nunca he sabido por qué lo hacen, pero bueno)... yo me quedé callada y no supe qué decir, ¿era normal y sin malas intenciones o nunca había dejado de ser así con sus admiradoras aún cuando ya no tenía veintitantos sino chorrotantos?
Momentos después me firmó una tarjeta que decía con letras grandotas "love, Paul".
No quería que ese momento terminara pero debí pensar que mejor no me pudo haber ido y eso era mucho más que suficiente. Nos despedimos con un abrazo muy fuerte, supongo que no era nada especial -al menos para él- porque seguramente siempre y a lo largo de muchos años siempre hacía eso, pero para mí fue la octava maravilla.
Salí y aún estaba el suelo mojado, si había vuelto a llover durante el concierto ni si quiera me había dado cuenta, pero afortunadamente el panorama exterior seguía siendo mágico, todavía podía respirar ese momento en el aire.
Y una vez más, desperté.
